Grimorianos

15 de enero de 2012

¿Hechicero, Brujo o Chamán?


Aunque la hechicería también tiene que ver con el uso de fuerzas ocultas o sobrenaturales, en su acepción actual se caracteriza por dos elementos: primero, el hechicero sabe manejar, porque lo ha aprendido, alguna técnica de manipulación de lo sobrenatural; segundo, suele emplearla para objetivos perjudiciales, como el dominio de la voluntad ajena o el influjo en su destino. 

Por el contrario la cualidad de brujo es innata, suele ser heredada y muchas veces las personas que la poseen son inconscientes de ello. Se dice que los brujos y brujas, cuando alguna pasión negativa los domina, pueden emplear sus poderes (sin “saberlo”, por su simple deseo) para dañar a quien a su vez les ha dañado. Por lo tanto, se distinguen de los hechiceros, que utilizan magia ofensiva de manera deliberada. 

Respecto al chamanismo, aunque incluye prácticas hechiceriles, es un fenómeno religioso. El chamán posee habilidades adquiridas de forma espontánea y a veces involuntarias (en una experiencia iniciática reveladora o durante una crisis espiritual; a través de sueños o el delirio ocasionado por alguna enfermedad), las cuales, aunque provengan de los espíritus, tiene que cultivar, entrenarse en ellas bajo la guía de otro chamán, a fin de controlarlas de forma consciente y desarrollar la capacidad de aplicarlas en bien de los demás; sus poderes son de sanación y de mediación comunicadora entre los dioses espíritus y los seres humanos (el estado extático necesario para ello suele obtenerse con el uso de diferentes sustancias psicotrópicas) y el ejercicio de los mismos suele estar rodeado por fenómenos físicos o parapsicológicos.

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